11 julio 2013

El catequista.

Era el año 1973. La juventud y vitalidad fluía en nosotros, un grupo de veinticinco chavales sin rumbo de vida marcado. El destino, el cura del pueblo o la única posibilidad que tenían nuestros padres para que estudiásemos y consiguiéramos subir unos cuantos peldaños en el nivel de vida que ellos tenían en un medio rural de escasos recursos y muchas penurias, hicieron que coincidiéramos en el Seminario Conciliar de Santo Domingo de Guzmán.


Revisando mi archivo fotográfico he encontrado esta bonita fotografía en la que me encuentro rodeado por tres niños del grupo de catequesis. No recuerdo sus nombres. No sé qué les habrá deparado la vida. Si tengo la sensación de un grato recuerdo de estos niños inocentes, cariñosos y hambrientos de aprender las cosas de la vida. Cumplido el protocolo que nos imponía la SMICAR (Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana) para que se aprendieran el catecismo, la mayor parte del tiempo lo dedicábamos a hablar de las cosas, de las cosas que ellos contaban de su día a día en el pueblo. Cosas de la vida. Es mucho el tiempo transcurrido pero las sensaciones positivas que me transmitieron estos niños no se han borrado de mi memoria.

 Catequista (del griego κατηχιστής): Persona que instruye a los catecúmenos. Catecúmeno (del latín catechumĕnus, y este del gr. κατηχούμενο) persona que se está instruyendo en la doctrina y misterios de la fe católica, con el fin de recibir el bautismo. Esto nos dice la Real Academia Española de la lengua. Yo diría que catequista es la persona que instruye a los catecúmenos en las cosas de la vida y que catecúmeno es la persona que se está instruyendo para la vida en el respeto por los demás y por la madre naturaleza. “El catequista” tiene que ser elemento fundamental en las escuelas. “El catequista” de la vida y no de religiones subyugantes y temerosas de un Dios hecho a su semejanza y para amparar sus intereses. Yo fui catequista, un joven catequista de la vida.