22 junio 2013

Guindas. Lujuria.

Un año más recibo unas guindas de mi buen amigo Romualdo Gil. Ya sabe que es la fruta que más me gusta. Las guindas siempre me recuerdan a mi querida abuela Claudia con quien compartía, allá en mi niñez, los cuidados de un hermoso y grandioso guindo que teníamos en nuestro edén, en nuestro huerto particular. Dios se confundió al elegir el manzano como árbol destacado del Paraíso. La guinda es más tentadora, y su rojo intenso un veneno para el pecado de la lujuria que no tiene cura sino con la misma lujuria de una Eva hermosa.