18 agosto 2010

incendio. (... más de lo mismo)

(Del lat. incendĭum). Fuego grande que destruye lo que no debería quemarse.

Siempre por estas fechas las noticias se plagan de estos sucesos lamentables y evitables en su mayoría. Esta mañana oía en la radio de mi coche, que en una comarca de Teruel vienen proponiendo introducir en el monte la cabra y la vaca públicas, con el fin de que limpien de una forma natural el sotobosque. Ya tardan.
Soy de pueblo. Nunca conocí incendio mayor (si se puede calificar de incendio) que el que producíamos los chicos en los enebros y sabinas* de la “Solanilla” la víspera de las fiestas patronales en honor a San Gervasio y Protasio. En el pueblo se cuidaba el monte como patrimonio de todos y fuente de vida. Había rebaños de cabras y ovejas que pastaban en el. Se iba de hacenderas para limpiar y hacer leña con los árboles en suerte. De este modo el monte estaba más limpio que cualquier parque de la ciudades modernas. El peligro de incendios era mínimo.
No despreciemos el pasado. Hagamos caso a las prepuestas de los hombres de pueblo y... Señorías que calientan sillas en sus escaños parlamentarios, muevan su culo y tomen mediadas para que todos los bosques y montes este país tan maravilloso estén más limpios que una patena. Hay evitar que destruya sin sentido este bien tan preciado y natural que es el monte.

La imagen se corresponde al incendio del verano de 2009 en las cercanías de Zaragoza, en la zona del campo de tiro de San Gregorio.

(*) Se quemaban un par de sabinas y los restos se utilizaban para leña.