19 mayo 2010

Don Federico B. Torralba Soriano.

Desde la última vez que nos encontramos en su café matinal, ha pasado mucho tiempo sin volver a ver a Don Federico Torralba. Entre tantos, he tenido el privilegio de ser su alumno, en su primera promoción de arte japonés en la Universidad de Zaragoza. Podría nombrar a los profesores que te atrapaban con sus clases magistrales, pero en este momento, quiero subrayar a Don Federico. Sus clases, siempre se me hacían breves. Su saber mezclado con sus vivencias eran para mi un gozo y una tentación, que por desgracia vencí, para ir a esas tierras del sol naciente, y aprender la técnica del “sumi-e” (la aguada japonesa), por ejemplo.

Ayer me encontré con él, en el Museo de Zaragoza. Había una conferencia sobre su persona y su legado.
* Don Federico, ¿Qué tal está?
- Ya me ves, aquí, con 96, con 96 años. [puntualizó]
* Quien lo diría, pues se le ve muy bien... ¿me permite hacerle una fotografía?
- Por supuesto, claro que si. [En esos instantes recompone su anciana figura sobre su silla]
* Muchas gracias Don Federico. Me alegro que siga tan bien. Ha sido un placer volver a verle.
Como iba a comenzar la conferencia me retiré para no molestar a la sala. De lejos vi con gozo, como comentaba con su acompañante momentos de este acto, reflejados en imágenes de su recuerdo en la pantalla del escenario. ¡Que Dios le guarde a usted muchos años Don Federico!. ¡Salud!


De toda la documentación que he encontrado sobre este ilustre aragonés, tomo nota de este escrito encontrado en Andalán (Semblanzas - 06/03/10), que resume práctica y parcialmente, lo que se dijo en la conferencia de ayer, impartida por Doña Elena Barlés.

El profesor Federico B. Torralba Soriano es en el momento actual el único superviviente de una brillante generación de catedráticos universitarios de Historia del Arte aragoneses, entre los que cabe recordar a José Camón Aznar (1898-1979), Francisco Abbad (1910-1972), Julián Gállego (1919-2006) y Santiago Sebastián (1931-1995). Nacido en Zaragoza en 1913, va camino de cumplir los noventa y siete años, habiéndose convertido en el decano de los historiadores y críticos de arte españoles.
Tanto su formación académica con licenciaturas en Filosofía y Letras y en Derecho, como su vida profesional transcurren en la Universidad de Zaragoza, donde tras la breve estancia como catedrático de Historia del Arte entre 1940 y 1942 del depurado José Camón Aznar, Federico Torralba pronto es nombrado profesor auxiliar durante el amplio periodo de cátedra vacante hasta la incorporación de Abbad en 1958. La trayectoria académica de Torralba puede considerarse autodidacta, fundamentada en la historiografía francesa, que cultiva en sus frecuentes viajes a Paris, desarrollando una apasionada y poco usual vocación por la pintura moderna, a la que dedica un revelador ensayo crítico en el año 1946, con el título Trayectoria de la pintura moderna. Desde Zaragoza impulsa y participa como crítico en uno de los principales movimientos artísticos de vanguardia, como el grupo Pórtico, la primera abstracción española entre 1947 y 1952, formado por los pintores Santiago Lagunas, Eloy Laguardia y Fermín Aguayo, organizando el “Primer Salón Aragonés de Pintura Moderna” en 1949. Al mismo tiempo desarrolla una importante labor de difusión del arte actual, mediante conferencias y exposiciones, desde la cátedra “Goya” de la Institución “Fernando el Católico”. Tras la prematura muerte de Abbad en enero de 1972, se reincorpora como catedrático en Zaragoza, tras su breve paso por las universidades de Oviedo y de Salamanca, desarrollando una fructífera etapa docente e investigadora entre este año 1972 y su jubilación en 1983.
Con el regreso de Torralba como catedrático los estudios de Historia del Arte en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, de clara orientación medievalista durante los años de Abbad, emprenden un decidido camino hacia el arte contemporáneo, desde Goya hasta el arte actual, así como una especial atención a las artes decorativas y a las artes extremo-orientales, en especial al arte japonés, enfoque que resultaba innovador y poco frecuente al inicio de la década de los setenta en la Universidad española.

Su impulso de las artes decorativas, a las que había dedicado atención investigadora desde su veterana monografía sobre los Esmaltes aragoneses, editada en Zaragoza por Alberto Casañal en 1938, se cohonesta con su docencia como profesor de entrada, primero, y de término, después, de la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza, que ejerció durante bastantes años.
En su inclinación por Goya, pesa sin duda, como en José Camón Aznar y en Julián Gállego, su naturaleza aragonesa. Siempre interesado por la obra de Goya en Aragón, defiende la madurez del artista como pintor en el conjunto mural de la Cartuja de Aula Dei, obra que por su aislamiento era poco conocida de la historiografía española, y a la que Julián Gállego dedica también un estudio monográfico. Por su parte Torralba, además de obras de conjunto sobre el pintor, y de comisariados como el de la exposición del pabellón aragonés en Sevilla en 1992 o del sexquicentenario de 1996 en Zaragoza, va a dedicarle dos importantes monografías, ambas editadas por el Banco Zaragozano, Goya, economistas y banqueros, de 1980 y Goya en la Santa Cueva. Cádiz, de 1983.
Con el título de Pintura contemporánea aragonesa firma el libro básico y de referencia, publicado por Guara editorial en 1979, en el que resume en lenguaje académico su permanente labor como crítico de arte e impulsor de premios de pintura, como el San Jorge de la Institución “Fernando el Católico”, así como su tarea de galerista en Zaragoza (Kalos y Atenas) y de fomento de los grupos artísticos, como en el caso del grupo Azuda 40. No es, pues, sorprendente que la editorial Alhambra le encomendase en 1978 la autoría de la parte dedicada a la pintura en la Historia del Arte Hispánico. El siglo XX.
Más extraordinario resulta su interés por el arte extremo-oriental, en general, y por el japonés, en particular, del que llega a formar una interesante colección personal, hoy día instalada en el Museo de Zaragoza, tras la creación de la Fundación Fortún-Torralba en el año 2002. Sin duda la pintura contemporánea fue el camino que le condujo al grabado japonés, el ukiyo-e, pero en el caso de los “inro” hay que pensar asimismo en su gusto por las artes decorativas y por la belleza en general. Sus publicaciones sobre este tema han sido recogidas en el año 2008 en el bellísimo libro Estudios sobre Arte de Asia oriental.
Más crítico que documentalista, el legado de Federico Torralba queda adscrito a la profunda renovación de los estudios de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, donde ha dejado una larga estela de estudiosos y seguidores en todos los ámbitos de su interés académico, y de modo especial en el estudio de las artes de Asia oriental, impulsadas en la actualidad por los profesores Elena Barlés y David Almazán.

Distinciones y honores del profesor Torralba: Medalla de Oro de la Ciudad de Zaragoza, Premio Aragón de las Artes y Medalla de Oro de la Institución Fernando el Católico de Zaragoza.