02 abril 2010

Romper la hora en Hijar. Semana Santa en el Bajo Aragón.

En La Puebla, Albalate, Alcorisa, Andorra, Samper, Urrea e Hijar a las 12 de la nochas tras un leve apagón del murmullo de más de 10.000 cofrades, unos 1.500 abarrotaban la plaza de Hijar, la noche se rompió, como manda la tradición, con el estruendo de bombos y tambores. Sudor y lágrimas corrían por los rostros de algunos tras uno intensos minutos de emoción.

El retumbar de tambores y bombos se fue repartiendo por las diversas calles y callejuelas del pueblo hasta reunirse en la procesión, y así hasta que los Rosarieros cogieron el relevo, oyéndose solo sus voces.


“La Semana Santa de Hijar, la más antigua y noble del bajo Aragón, ya se nota en los escritos del siglo XII aparecidos en el archivo ducal y regida por la orden Pauliana, antecesora de la orden Franciscana, su dataje real es anterior en más de 200 años a la de Alcañiz y 5 siglos antes de la semana santa de Calanda dada a conocer por Buñuel en sus películas y potenciada por el mismo.
La Semana Santa de Híjar es un conjunto de tradiciones entre las que destaca el toque del tambor y el bombo por todos los vecinos. La noche del Jueves Santo toda la población se concentra en la plaza de la Villa, que se convierte en una enorme mancha negra (el color de la túnica que viste todo el mundo). Unos minutos antes de la medianoche el alcalde se coloca en el centro de la plaza, y a las doce en punto levanta su bastón de mando. Es un momento estremecedor, pues todo el mundo comienza a tocar los tambores y los bombos a la vez. Se le llama "Romper la hora", probablemente porque la "hora", la medianoche, queda literalmente machacada por este trueno.
Después de esto los tambores continúan tocando por todo el pueblo hasta las 2 de la mañana, cuando se juntan en una pequeña plaza para la procesión de "Los despertadores". Los despertadores son, en realidad, los rosarieros, un grupo de personas que cantaban el Rosario todos los domingos de madrugada, por la calle (actualmente sólo unas cuantas fiestas del año). Los tambores les acompañarán por toda la población, y sólo pararán para que ellos canten unas coplas del siglo XVIII, el "¡Ay de mí!". La procesión para en unos cuantos puntos que no están elegidos al azar, ni mucho menos. Son los mismos lugares en los que paraban los pregoneros, pues el objetivo es que se entere todo el mundo de lo que está pasando. En esos puntos los rosarieros cantan su coplas:
Ay de mí, buen Jesús mío, vendido por un traidor, tratado como un limpío cual si fueseis generador.
Ay de mí, mi Dios, sin vos, ¿qué será de mí, señor?
La procesión sube por las callejuelas del antiguo barrio judío de Híjar, hoy San Antón, y las estampas que pueden verse son un auténtico viaje en el tiempo, lamentablemente todo en ruinoso estado. La última parada es, otra vez, la misma plaza de la Villa en la que ha empezado todo. Allí tiene lugar uno de los momentos más hermosos de la Semana Santa hijarana, pues con todos los tambores y bombos en silencio, ordenados en el interior de la plaza, cantarán el "Humilde": Si humilde he de apurar el cáliz del dolor conforta el alma mía, ¡Piedad de mí señor!”
Fuente de la noticia: Wikipedia.