12 abril 2010

Fresas a la luz de una vela.

Su color, olor, sabor y forma acentúan la sensualidad y el erotismo sobre este delicioso fruto. Ya la manara, modo o rito, que nos muestra la publicidad y el cine, de comer una fresa lo delata. Se me ha ocurrido iluminar un bol rebosante de fresas con la luz tenue de una vela (sin más abalorios), en un intento de crear en acción por venir en el misterio que encierra la luz débil y suscite en cada uno, en su imaginación primero, lo que haría con estas turgentes fresas en la penumbra del pecado venial. “Comer y amar son placeres íntimamente ligados”.

Las freseras (Fragaria), es un género con varias especies de plantas rastreras. Su nombre deriva de la fragancia que posee (fraga, en latín). Son cultivadas por su fruto comestible llamado fresa o frutilla. Las variedades cultivadas comercialmente son por lo general híbridos, en especial Fragaria x ananassa, que ha reemplazado casi universalmente a la especie silvestre, Fragaria vesca, por el superior tamaño de sus frutos. Planta perenne que produce brotes nuevos cada año. Presenta una roseta basal de donde surgen las hojas y los tallos florales, ambos de la misma longitud. Los tallos florales no presentan hojas. En su ápice aparecen la flores, de cinco pétalos blancos, cinco sépalos y numerosos estambres. Los peciolos de las hojas son filosos. Cada uno soporta una hoja compuesta con tres folíolos ovales dentados. Estos son de color verde brillante por el haz y más pálidos por el envés, con una nervadura muy destacada y abundante pilosidad. De la roseta basal surgen también otro tipo de tallos rastreros que producen raíces adventicias de donde nacen otras plantas. No es un cítrico. (Wikipedia)