08 noviembre 2009

Cabellos dorados, campos de otoño. Otoño VI

Mientras los campos se peinan sus últimos cabellos dorados de una madurez marchita, en el lagar se cuecen los caldos, que produjeron los que hasta hace unos días fueron abalorios negros y dorados pendiendo de la vid, que alineada una junto otras en marcial formación, desfilando como ejércitos silenciosos en los espacios fértiles de esta tierra nuestra.

Los débiles rayos del sol de un atardecer frió son los justos para hacer las últimas fotografías de estos instantes marchitos. Y me doy cuenta, que en otoño la vida se me escapa aún más deprisa ¿Por qué no poder parar el tiempo y contemplar con sosiego tanta belleza? Somos parte de un otoño que no para ni en su propia estación.