
Mientras los campos se peinan sus últimos cabellos dorados de una madurez marchita, en el lagar se cuecen los caldos, que produjeron los que hasta hace unos días fueron abalorios negros y dorados pendiendo de la vid, que alineada una junto otras en marcial formación, desfilando como ejércitos silenciosos en los espacios fértiles de esta tierra nuestra.

Los débiles rayos del sol de un atardecer frió son los justos para hacer las últimas fotografías de estos instantes marchitos. Y me doy cuenta, que en otoño la vida se me escapa aún más deprisa ¿Por qué no poder parar el tiempo y contemplar con sosiego tanta belleza? Somos parte de un otoño que no para ni en su propia estación.
10 comentarios:
excellent work!
hermosas!!!!
Vaya tres imagenes chulas, solo echo de menos alguna nube mas, buen trabajo,
saludos
3 magnificas tomas compañero!
Otoños incendiados, en llamas... ¡Cuánta belleza suelta! Y, como tú dices, no poder detenerla para disfrutar. Es una suerte que tengamos la fotografía.
Un bello trabajo
Saludos
...bien esas fotos, ...a lo mejor un poco oscuras por las esquinas, o lo veo así en mi monitor???
me encanta el cielo de la segunda foto...
Te inspira Olga tus escritos?
Me supongo que ese viñeteado a sido a propósito con el fin de "marchitar" y mortecinar las fotos
paisaje maravilloso
Una serie preciosa.
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