28 octubre 2009

El flautista de Hamelín.

“En 1284 la ciudad de Hamelín estaba infectada de ratas. Un buen día apareció un desconocido que ofreció sus servicios a los habitantes del pueblo. A cambio de una recompensa él les libraría de todas las ratas, a lo que los aldeanos se comprometieron. Entonces el desconocido flautista empezó a tocar su flauta, y todas las ratas salieron de sus cubiles y agujeros y empezaron a caminar hacia donde la música sonaba. Una vez que todas las ratas estuvieron reunidas en torno al flautista, éste empezó a caminar y todas las ratas le siguieron al son de la música. El flautista se dirigió hacia el río Weser y las ratas, que iban tras él, perecieron ahogadas.
Cumplida su misión, el hombre volvió al pueblo a reclamar su recompensa pero los aldeanos se negaron a pagarle. El cazador de ratas, muy enfadado, abandonaría el pueblo para volver poco después, el 26 de junio, en busca de venganza.
Mientras los habitantes del pueblo estaban en la iglesia, el hombre volvió tocar con la flauta su extraña música. Esta vez fueron los niños, ciento treinta niños y niñas, los que le siguieron al compás de la música, y abandonando el pueblo los llevó hasta una cueva. Nunca más se les volvió a ver.”

Esta fábula o leyenda, documentada por los Hermanos Grimm, me vino a la cabeza cuando encontré este parque infantil en Yelo, pueblo de la provincia de Soria. Me pregunté: ¿dónde están los niños?. Un parque tan bonito y sin rastro de estos diminutos seres. No, seguro que el flautista no ha sido.... Será que en este pueblo hay parque pero, como en otros muchos pueblos, castigados por la despoblación, no hay niños. Estuve a punto de sacar el niño que llevo dentro y “chozpar”* por este privilegiado lugar de mi querida Soria. Sólo me limité a sacar unas fotografías.


(*) Chozpar: corretear, saltar con alboroto y desenfreno de un lugar a otro sin parar. Dicho de un cordero, de un cabrito o de otros animales: saltar o brincar con alegría.