30 junio 2009

Mi abuela cosía con una “Singer”

Acostumbrada a la aguja y al dedal, puedo asegurar que cuando mi abuelo le compró la máquina de coser, la primera y la última -mira que antes duraban las cosas-, a Manuela se le cambiaron las cosas, ya en un “plis-plas” hacía una “jareta” *
¿Sería la Singer su tesoro mas preciado para el resto de su vida? Viendo como le arreaba a los pedales y como le cundía la faena... posiblemente. Seguro que cuando lean estas palabras sus hijas dirán: -Sí, si la abuela... nosotras éramos las que arreábamos a la máquina de coser. Cierto, y bien cierto, también ellas dominar el arte de coser a máquina. Para terminar, deciros que, el arte del “ganchillo” era la especialidad de la abuela, y terminó sus días haciendo esta labor.

“Una máquina de coser es un dispositivo mecánico o electromecánico que sirve para unir tejidos usando hilo. Las máquinas de coser hacen una puntada característica, usando normalmente dos hilos, si bien existen máquinas que usan uno, tres, cuatro o más. Desde la invención de la primera máquina, de quien se considera que ha sido el inglés Thomas Saint en 1790, se ha mejorado visiblemente la productividad de fabricación de las empresas textiles.” Wikipedia.

En el libro "Las cosas nuestras de cada día" de Charles Panati, nos dicen:
En el año 1830, un sastre experto podía dar unas treinta puntadas por minuto, y la primera máquina, por tosca e ineficaz que fuese, lograba doscientas. Esa máquina la produjo Barthólemy Thimonnier, un sastre de Lyon. Su velocidad impresionó tanto al gobierno que, al poco tiempo, Thimmonier tenía ochenta máquinas en funcionamiento, produciendo uniformes militares.

La evolución que condujo a la moderna máquina de coser, con un sistema de doble hilo, se debe principalmente a dos bostoniano: Elías Howe e Isaac Singer. Elias Howe era un mecánico de Boston que trabajaba de firme para sustentar esposa y tres chiquillos. Un día de 1839, oyó a su jefe decirle a un cliente que quien lograra inventar una máquina de coser tenía asegurada una fortuna. Esta idea se convirtió en la obsesión de Howe.

Primero, Howe observó las manos de su esposa mientras cosía, y después trató de producir una máquina que imitara sus gestos. Al fracasar en su propósito, decidió idear un nuevo tipo de puntada no menos resistente, pero dentro de las posibilidades del diseño mecánico. Patentó su máquina de coser en septiembre de 1846, y en seguida empezó a mostrarla a potenciales fabricantes. La máquina cosía en línea recta sólo una breve distancia antes de poner de nuevo la tela en posición, pero permitía doscientas cincuenta firmes puntadas por minuto.

La máquina de Singer era superior a la de Howe. Tenía una aguja recta que se movía verticalmente (la aguja de Howe era curva y se movía en sentido horizontal), contaba con una palanca ajustable que mantenía la tela en su lugar, lo que permitía hacer un pespunte largo, recto o curvado, y disponía de un pedal, en tanto la máquina de Howe era accionada manualmente con una rueda. Pero la máquina de Singer hacía la puntada especial patentada por Howe.

Singer se negó a llegar a un acuerdo amistoso con Howe. Sustentaba una esposa y dos hijos, además de una amante y seis chiquillos más, y dijo a sus abogados: “Me importa un pito el invento. Lo que yo persigo es el dinero.”

Mientras el caso se eternizaba en los tribunales, apareció otro inventor americano que había ideado la máquina de coser, once años antes que Howe, llamado Walter Hunt. Era un genio con un extenso surtido de inventos en su haber, entre ellos la aguja imperdible, que había creado en tres horas. Hunt jamás había patentado ni anunciado su máquina de coser, temiendo que el invento dejara sin trabajo a los sastres. En 1853, mientras Howe y Singer litigaban ante los tribunales, la máquina de coser de Hunt se había convertido en un montón de chatarra oxidada. El juez que se ocupaba del caso decidió que el dinero que Singer perseguía había de compartirlo, pero no con Walter Hunt, sino con Elias Howe. Por cada máquina de coser fabricada, Howe recibiría un royalty.

Las fotografías realizadas en el Museo pedagógico de Aragón.

(*) Jareta: Dobladillo que se hace en la ropa para introducir una cinta, un cordón o una goma, y sirve para fruncir la tela.