12 junio 2009

El tren, de oriente a poniente.

Yo, para todo viaje
¿siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera?,
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
acostumbro a dormir yo,
y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren,
y, sin embargo, voy bien.
............

¿Dónde estamos?
¿Dónde todos nos bajamos?
¡Frente a mí va una monjita
tan bonita!
Tiene esa expresión serena
que a la pena
da una esperanza infinita.
............

¡Y la niña que yo quiero,
ay, preferirá casarse
con un mocito barbero!
El tren camina y camina,
y la máquina resuella,
y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella!

Del poema: El Tren de Antonio Machado.

En las fotografías el tren de alta velocidad discurre sobre los raíles iluminado por los últimos rayos de sol, filtrados por las densas nubes, y con telón de fondo del majestuoso Moncayo.