30 mayo 2009

Castillo de Berlanga de Duero. Castillos de Soria (01)

Según las crónicas Segeda, ciudad celtíbera, debió ser el origen de la actual Berlanga de Suero. Siglos más tarde en este lugar se construiría una primitiva fortaleza para defender la frontera del Duero, cuando los cristianos se empeñaron en echar a los musulmanes. Al devenir de esta fortaleza se le unen los nombres de los famosos guerreros de la época: Galib y Almanzor por los musulmanes y Rodrigo Díaz de Vivar por los cristianos.

Fernando I hacia el 1060 lleva a cabo una expedición: “...tras un asalto, se abandonó por su numerosa población agarena y fue ocupada por el rey". Alfonso VI concede, en 1087, la villa de Berlanga y el castillo de Gormaz al Cid Campeador. Berlanga vuelve a aparecer en las crónicas hacia el 1288, en que el rey Sancho IV estuvo en Berlanga, junto con el conde don Lope. Después acudiría allí el infante don Enrique, hijo del rey Fernando y nieto de Sancho IV, "haciendo –desde Berlanga- ayuntamiento de los concejos de los obispados de Osma y Sigüenza". Alfonso XI (1311-1350), hijo de Fernando IV y de Constancia de Portugal, contrajo matrimonio con María de Portugal, deja la villa y tierra a su hijo bastardo infante D. Tello, señor de Vizcaya, hijo de doña Leonor de Guzmán, Trastámara por consiguiente. Una hermana de don Tello, Leonor, casa con Juan Fernández de Tovar. Con todo rigor puede decirse que los señores de Berlanga son descendientes directos de reyes, aunque por línea bastarda.
Es entonces, cuando pasa a manos de la familia Tovar, que levanta el castillo del S. XV sobre el original, del que no quedan restos. Posteriormente, entroncados los Tovar con la familia Velasco y con el rango de marquesado otorgado por Carlos I, se reconstruye el castillo en el S. XVI, conservando sólo algunos lienzos, un aljibe y la torre del homenaje de la anterior construcción del S.XV. La torre del homenaje es de planta rectangular, con ocho garitones distribuidos en cada esquina y en el centro de cada lado, y tiene los escudos de los Tovar y Velasco. Se conserva una poterna que da directamente al tajo del río Escalote, en la cara norte del castillo.

El nuevo castillo de inspiración artillera, construido e inacabado por Benedetto de Rávenna según varios autores, y que rodea a la antigua fortificación, forma un rectángulo de gruesos y bajos lienzos con tambores en cada esquina, estando el de noroeste separado del cuerpo del castillo por un pasillo, sin llegar a tener funciones de torre albarrana, sino más bien para mejorar los ángulos de tiro de la artillería. Todo el cerro está rodeado por una muralla de tambores y lienzos.
La construcción de un palacio en la explanada sur del castillo hace que se abandone, dedicándose a su nueva utilidad defensiva y como cárcel, hasta que un incendio lo arruina. El palacio junto con sus jardines desaparecerá, salvo su fachada sur, incendiado por los franceses en su retirada durante la guerra de independencia.

Castillos de Soria.
Isabel Goig Soler.