11 marzo 2009

Soria marzo 2009, penúltima nevada.


Y es que se oye, que dicen los pastores que aún falta una nevada para la luna de Semana Santa. Tengo que deciros que Soria me cautiva, ya sabéis que no soy el único, ni poeta. Presiento que Soria se pone bonita para que la vea, para que la retrate. En este mi reciente viaje me ha recibido como novia vestida de blanco. He disfrutado de ella como nunca había disfrutado. He pisado con cuidado su velo blanco y como el poeta he paseado con mi amada esposa.


Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños...
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.
Antonio Machado.

La ermita del Mirón es una construcción barroca sobre una primitiva obra románica, tal vez primoroso templito mirando al Duero sacrificado a unas modas más pomposas. En el interior hay retablos, esculturas y la curiosidad de un San Saturio de cuerpo entero. Tuvo santero y aún se conserva la casa. En mitad de la plaza donde se asienta, una columna sostiene una imagen de San Saturio, alrededor de ella, los pocos agricultores que van quedando y los miembros de la Cofradía de Labradoras de la que es patrona la titular de la ermita, Virgen del Mirón, celebran el día de San Isidro con subastas de animales.

Por los alrededores de ella podía verse, principado el siglo XX, a un Antonio Machado compungido, paseando en carrito de ruedas a su esposa Leonor, enferma, buscando "un milagro de la primavera" para la enfermedad contraída en Francia durante el tiempo que permanecieron allí después de casados.
Pese a los cuidados Leonor se encuentra cada vez más cansada. Antonio Machado hace construir un cochecito de inválido para su mujer para que empujando de el todos los días, pueda ayudarse del aire puro de Soria y así se pueda recuperar. Todos los días se les ve a los dos en el paseo del Mirón hacia la Ermita, en una imagen definida, por muchos , como de una enorme tristeza y patetismo.
El párroco que les veía en esos días decía que al llegar a la ermita Antonio dejaba sentada a Leonor junto a las tapias de esta para que pudiera recibir más el sol. Mientras Antonio se excusaba para ir a mirar el paisaje que se ve desde la explanada posterior. En realidad aprovechaba estos momentos para llorar en silencio, el irremediable fin en la vida de Leonor.