14 marzo 2009

Calatañazor. Soria.

Conocido casi únicamente por la derrota que allí sufriera Almanzor de las tropas castellanas y leonesas en 1002, es casi ignorado bajo otros aspectos a cual más interesante.Se encuentra situado en la cima de una enorme roca aislada de sus alrededores por las profundas hoces que forma el río al E. y S. de la villa, y del O. y N. por la misma altura de la peña cortada.

Rodeado de murallas por completo, sólo dos subidas permiten la entrada de la ciudad. Las murallas conservan casi intactas, con sus tambores de trecho en trecho, y al lado S., se alza en ruinas un castillo, a cuyo pie se apiñan grandes peñascos que parecen empujados allí por brazo de titán. Extiéndese al Poniente hermosa vega rodeada de cerros. En primavera, los campos verdes dan las tonalidades suaves y tranquilas de la Castilla pintada por Beruete. En la cumbre que cierra por el lado izquierdo esta vega, cuenta la tradición que ocurrió la célebre batalla.El interior del pueblo es de lo más pintoresco que pueda imaginarse. Al verlo rodeado de murallas con su gran iglesia, cuyo ábside hace también de fortaleza, y su gallardo castillo, parece se ha de entrar en una ciudad formada por palacios y caserones nobiliarios. Mas no es así, las casas son míseras, de barro, y toscos maderos de enebro que refuerzan lo débil del material, descubiertos al exterior, dándoles ese aspecto de las construcciones en madera de los países nórdicos. suelen estar en voladizo, como las casas medievales. Hay alguna casona señorial. en una se ve un balcón con artísticos herrajes; en otras, signos simbólicos y leyendas religiosas.


Las calles pendientes, tortuosas, con estas casas tan pintorescas, todas del mismo carácter, sin nada que desentone, forman un conjunto agradable y armónico. En la plaza, junto a un olmo viejo, a la vera del Castillo, se alza el rollo justiciero sobre cinco redondos escalones donde el Señor o el Alcalde corregidos hiciera en tiempos pasados justicia a los desafueros.


La iglesia es una mezcla de estilos; la portada románica; la nave alta y espaciosa; un tramo que hace de ábside, gótico y otros dos menores del siglo XVII.
Esta iglesia guarda entre otros objetos artísticos, un retablo grande renacimiento, de escaso mérito, con un tabernáculo de un barroco bastante elegante.
Conserva cuatro tablas del siglo XV, de gusto italiano, que debieron formar parte de un retablo y que antes guardaban en la ermita de la Soledad, pequeña iglesia románica que se encuentra en las afueras del pueblo. Un cuadrito con una cabeza de la Virgen, de gran parentesco con las pinturas de Van der Weidem y de un altar churriagueresco el Cristo del Amparo, al que tienen mucha devoción las gentes de aquella comarca; es un Cristo español del siglo XIV o XV.
En la sacristía hay una tabla que representa el martirio de San Sebastián con un fondo que recuerda los de Patinir. Además, conservan entre otras cosas una custodia - cáliz de plata del siglo XVII, de delicado arte.
La iglesia guarda una rica colección de privilegios concedidos a la villa de Calatañazor por diferentes reyes, con sus sellos de plomo, códices, ejecutorias con preciosas miniaturas, pleitos sostenidos con diversos pueblos de su merindan, pues su jurisdición llegó a extenderse desde Abejar y Cabrejas del Pinar hasta los campos de la Revilla.
El Ayuntamiento guarda un archivo donde se encuentran documentos de gran importancia para la historia de Calatañazor.
De su antigua y afamada sedería sólo quedan los cimientos, pues ni una casulla siquiera hay en la iglesia, únicamente se ven algunas en El Burgo de Osma, en Soria, en Santiago de Compostela y otros puntos.

En uno de los cerros que cercan el pueblo, se han encontrado sepulcros y trozos de vasijas celtíberas, donde sin duda tuvieron allí los celtíberos alguna ciudad, y a cosa de dos kilómetros hacia el poniente se encuentran una porción de fósiles.
Tiene, por tanto, Calatañazor, gran importancia, pudiendo estudiar en sus murallas y situación el estratega, en sus objetos artísticos y restos antiguos el arqueólogo de sus calles y sus tipos puede sacar el artista cuadros llenos de belleza y sentimiento y hasta el geólogo tiene cerca de Calatañazor materia de estudio.
© José Tudela de la Orden (1923)Publicado en el número 5 de Cuadernos de Etnología Soriana

En Calatañazor Almanzor perdió el Atambor
"La última campaña de Almanzor contra la España cristiana tuvo lugar a comienzos del verano de 1002, y estuvo dirigida contra el territorio de La Rioja, dependencia del condado de Castilla.Avanzó hasta Canales y alcanzó el Monasterio de San Millán de la Cogolla, que fue saqueado. Al regreso de esta campaña la muerte vino a poner término a su prodigiosa carrera de batallador.Por entonces contaba ya más de sesenta años. El "Amiri", sabía que su fin estaba próximo y multiplicaba su piedad. La leyenda nos dice que, a petición suya, sus hijas cortaron en una pieza de tela, comprada con el producto de sus fincas personales, la mortaja que había de envolver sus restos mortales antes de la inhumación. Se dice que guardaba celosamente, para que le cubriera la tumba, el polvo de los vestidos que usaba cuando hacía la guerra santa.A su regreso a Medinaceli con su ejército, tuvo que hacerse llevar en litera a lo largo de un penoso viaje de dos semanas.Llegado por fin a la plaza fronteriza, expiró, al cabo de algunos días, la noche del 10 al 11 de agosto de 1002 (27 de ramadán 392). (Los datos precedentes son tomados de Ibn al-Jatib).Según Lucas de Tuy (Apend. Dozi Rech. I), el día de la derrota de Almanzor en Calatañazor, "una especie de pescador gritaba con una voz lamentable a orillas del Guadalquivir, ora en caldeo (es decir en árabe), ora en Español: "En Canatanazor/perdió Almanzor/el atambor". Lo que significa: en Calatañazor perdió Almanzor su timbal o su sistro, es decir su alegría. Los bárbaros de Córdoba venían hacia él, pero en cuanto se acercaban, se desvanecía, para reaparecer en seguida en otro lugar repitiendo la misma lamentación"
M. Lévi-Provençal, Historia de España, dirigida por Ramón Menéndez Pidal, 1950

Voluce: El origen de Calatañazor se halla al otro lado de ese estrecho barranco del río Milanos por el que se encuentra la llamada Cuesta del Moro. En el cerro de los Castejones, llamado también Pico del Buitre y Cerro de los Milanos se encuentran los restos de Voluce, que Ptolomeo situaba entre los pelendones y que se cita igualmente en el Itinerario de Antonino como mansión de la vía romana que unía Zaragoza con Astorga, cuyo tramo soriano hasta Uxama describiera Eduardo Saavedra. Las ruinas corresponden a un poblado celtibérico construido en los siglos III-II a.C. y que estuvo habitado hasta comienzos del siglo V de nuestra era, según Blas Taracena. A poco más de un kilómetro al norte de la calzada romana se encuentra lo que queda de la aldea fortificada que fue Voluce: una gran muralla de 160 metros de longitud, 4,5 metros de altura y, que en algunos sitios alcanza los 18 metros de espesor ¡casi nada!.
© Ángel Almazán de Gracia, Por tierras de Soria, La Rioja y Guadalajara.