19 enero 2009

Testigo fiel de una rutina natural.

Inmersa en la rutina, la cruz que corona el pozo del santuario de Nuestra Señora de Magallón, Leciñena, es fiel testigo de lo que acontece a su alrededor durante todo el día. Los niños apuran los últimos instantes del día entretenidos en sus juegos. El sol nos dice un nuevo adiós y nos brinda la oportunidad de realizar fotografía con su luz palideciente abocada al ocaso. Tardes mejores las ha habido y las habrá, pero hemos de ser agradecidos por poder presenciar de nuevo esta rutina natural y necesaria para la vida, nuestra vida.

La charca, sosegada y mermada por las sedientas gargantas de los animales, que vienen a abrevar sus orillas, día a día, y a la espera de la lluvia para recrecer su manto cristalino, nos ofrece, cuan espejo caído sobre la tierra, los reflejos del ultimo aliento de la luz del sol en la mortecina tarde.