10 enero 2009

Neveras o neverones.

Nevera: sitio en que se guarda o conserva nieve. En tiempos de nieves como lo son estos meses de invierno, nuestros antepasados utilizaban unas típicas construcciones para su almacenamiento. El nevero de Fuendetodos es el más monumental de la comarca de Belchite, a unos 45 km de la capital Zaragoza a la que daba servicio. Su construcción está datada en el siglo XVIII y se conoce popularmente como Culroya. Destaca por su cúpula construida en piedra con forma cónica, por aproximación de hileras. Debido a su situación geográfica, con una sierra orientada al norte, protegida del sol, y su elevación sobre las llanuras de Belchite al Este y Cariñena al Oeste, Fuendetodos aseguraba frecuentes nevadas y la buena conservación del hielo en los meses de verano, hasta tal punto que se convirtió en un enclave privilegiado para la construcción de abundantes neveras. La necesidad de abastecer de hielo los mercados y plazas de la cercana Zaragoza, propició que desde Fuendetodos fueran saliendo carros cargados de hielo para la capital hasta los inicios del siglo XX, en los que con la obtención del hielo en los que con la obtención de hielo de forma industrial desaparecerá definitivamente esta actividad.
Los "neverones" o "neveras" son pozos excavados en la tierra con muros de contención, de pequeñas o grandes dimensiones e incluso con techo, que dispone de aberturas para almacenar la nieve caída durante el invierno. Una vez convertida en hielo, éste se utilizaba con fines medicinales y alimenticios. Las neveras tienen su origen en comunidades asiáticas y africanas. Son, probablemente, los pueblos árabes y judíos los que mantienen en nuestro país el uso de la nieve hasta la Edad Moderna, llegando a popularizarse en toda España durante los siglos XVI, XVII, XVIII.

La nieve era llevada en carros desde la sierra y ventisqueros cercanos del pueblo a las neveras, cuyo suelo era preparado previamente con un ensamblaje de madera a modo de escurridera. Se introducía en los pozos (de unos 6 m de profundidad) y se prensaba hasta conseguir un grosor de unos 40 ó 50 cm. A continuación se extendía un manto de paja en toda la superficie y se repetía el proceso hasta llegar a la altura de la puerta. La paja aseguraba un buen aislamiento y facilitaba su posterior troceo. Una vez llena la nevera, se cerraba y permanecía así hasta los meces de verano. Provistos de mazas, punteros y hachas, se troceaba entonces el hielo formando grandes bloques que se introducían en unos recipientes de madera y que durante la noche eran trasladados en carros aislados con paja a los principales puntos de venta.