27 enero 2009

Monasterio de Santa María de Villanueva de Sigena.

A orillas del río Alcanadre, entre Sariñena y Chalamera, la localidad de Villanueva de Sigena alberga lo que fue un bello monasterio, Panteón Real de Aragón, en el que se sucedieron los estilo románico tardío y el cisterciense.El comienzo de las obras del monasterio se data en el año 1183. La reina fundadora de este cenobio femenino fue doña Sancha, esposa de Alfonso II de Aragón. Desde luego, a partir de 1188 el proceso constructivo sería rápido, como lo permite un mecenazgo real, por lo que se deduce de la escasa documentación, y se contaba con mano de obra mudéjar. Se trata de un templo románico muy tardío construido bajo los preceptos del estilo cisterciense.

De la iglesia hay que destacar la portada, que abre al sur en catorce arquivoltas de medio punto, con profundo abocinamiento, de sobrio y severo estilo románico, sin decoración en sus capiteles, que se continuará en las portadas cistercienses de la Corona de Aragón.

La disposición de las dependencias se organiza, como es habitual en lo monástico, en torno a un claustro de planta cuadrada; en el ala sur del claustro está la iglesia de tres ábsides, crucero y nave única, que se continúa a los pies con el refectorio y la cocina. Lo más antiguo, de fines del siglo XII, como se ha dicho, es la iglesia y la sala capitular, que además son las únicas dependencias monásticas que presentan piedra sillar a toda la altura de sus muros; la decoración vegetal del ventanal del ábside central se relaciona con la existencia en la sala noble o superior del palacio real en Huesca, obra también de época de Alfonso II. Tras esta etapa constructiva inicial, continuarían el claustro y resto del monasterio.

No obstante la pérdida irreparable de los bienes muebles, con retablos, techumbres mudéjares, etc., lo que se ha conservado de la fábrica justifica y exige una visita detenida. Ya durante la misma guerra civil, un equipo de técnicos catalanes, dirigidos por José Gudiol, arrancó lo que había quedado de los famosos conjuntos murales de la sala capitular, de comienzos del siglo XIII, y exponiéndose en el Museo de Arte de Cataluña, donde se sigue custodiando como depósito de la comunidad del monasterio.En 1923 se declaraba monumento nacional el Real Monasterio de Santa María de Sigena, pero en el mes de agosto de 1936 el monasterio fue pasto de las llamas durante varios días, constituyendo una de las pérdidas más dolorosas en la historia de las destrucciones artísticas de Aragón.