07 diciembre 2008

La cigarra y la hormiga.

Cantó la cigarra durante todo el verano, retozó y descansó, y se ufanó de su arte, y al llegar el invierno se encontró sin nada: ni una mosca, ni un gusano. Fue entonces a llorar su hambre a la hormiga vecina, pidiéndole que le prestara de su grano hasta la llegada de la próxima estación.
-- Te pagaré la deuda con sus intereses; -- le dijo --antes de la cosecha, te doy mi palabra.
Mas la hormiga no es nada generosa, y este es su menor defecto. Y le preguntó a la cigarra:
-- ¿ Qué hacías tú cuando el tiempo era cálido y bello ?
-- Cantaba noche y día libremente -- respondió la despreocupada cigarra.
-- ¿ Conque cantabas ? ¡ Me gusta tu frescura ! Pues entonces ponte ahora a bailar, amiga mía. No pases tu tiempo dedicado sólo al placer. Trabaja, y guarda de tu cosecha para los momentos de escasez.
La Cigarra y la Hormiga es una de las fábulas atribuidas a Esopo y recontada por Jean de La Fontaine y Félix María Samaniego.

Un hórreo (horru en asturiano) es un granero construido en madera o piedra, que se eleva del suelo mediante "pegollos" (pilares), que están terminados en unas "tornarratas" (placas) para evitar el acceso de roedores y que suele disponer de paredes con ranuras para que se ventile el interior. Se usa para almacenar infinitos tipos de productos, maíz, patatas, fabes y enseres. La historia del hórreo comenzó con el Imperio Romano (horreum). Es una tecnología que éste dejó, y que perduró en algunas partes del norte de España como un medio eficaz para mantener el grano a salvo de los roedores.

Siempre he relacionado los hórreos, graneros y despensas con esta fábula. Cuando se trata de la vida en un medio natural, no penetrado por el consumismo, pronto se aprende a ser hormigas al igual que lo hacían años atrás nuestros abuelos. Aquellas gentes se preocupaban durante todo el año para rellenar sus despensas, y poder estar preparados para el crudo invierno e incluso hasta el final del verano, cuándo de nuevo se llenaban los graneros.