16 noviembre 2008

Treinta y nueve escalones

39 escalones, en la película de Alfred Hitchock. En ella da libre paso a su imaginación y a su fantasía y alterna pasajes de gran dramatismo con otros de comedia satírica. Yo siempre ve veo atraído por las escaleras, sobre todo las que tienen recovecos. Estas son una incógnita, un misterio, tanto si te invitan a subir o bajar. La curiosidad se apodera de nosotros y no podemos evitar traspasar el umbral de lo prohibido, cuando estamos en lugares que nos son desconocidos. Si la luz que la ilumina es escasa, si su paso es angosto, si el ambiente es lúgubre, a la curiosidad por el descubrir su final se le añade el miedo por lo imprevisto a la vuelta del siguiente recodo. Nuestra vida es una escalera llena de recovecos. Avanzamos sobre sus escalones y nunca sabemos en que monento vamos a vislumbrar el final. ¿Qué habrá al final de nuestra escalera? Yo no tengo prisa por saberlo, también me gustan los rellanos en los que me puedo detener un tiempo justo.