15 noviembre 2008

La carrasca centenaria de Valderromán.

Cuando estaba junto a este impresionante árbol, me pregunté por qué algunas personas, seres y cosas perduran tanto en esta vida. ¿Por su naturaleza, simplemente?, ¿Por su generosidad hacia los demás? ¿Por su gran utilidad?... Las carrascas o encinas son un ejemplo. Su impresionante naturaleza, generosidad y utilidad, son características que las hacen milenarias. Hace unos años eran fundamentales en la forma de vida de muchas zonas de nuestro País.

Valderromán es un pequeño pueblo de la provincia de Soria. En la dehesa de su término, han sobrevivido ejemplares de encinas (carrascas) y enebros de edades que no bajan de los 100 años. Entre todas las carrascas, destaca la conocida con el nombre de “Carrasca de Valderromán”, de 5,6 metros de circunferencia en su tronco, del que sobresalen cuatro recios brazos que sostienen una maravillosa copa y más de 800 años de edad.

Quercus ilex, la encina o carrasca, es un árbol perennifolio de la familia de las fagáceas, nativo de la región mediterránea de Europa. Es un árbol de una talla mediana, aunque puede aparecer en forma arbustiva, condicionado por las características pluviométricas o por el terreno en el que se encuentre.
Es un árbol de talla media, alcanzando los 16 a 25 metros de altura como máximo; en estado natural es de copa ovalada al principio que después va ensanchándose y queda finalmente con forma redondeado-aplastada. De hojas perennes, coriáceas y de un color verde oscuro por el haz y más claro por el envés, están provistas de fuertes espinas en su contorno cuando la planta es joven y, en los adultos, en las ramas más bajas, careciendo de ellas las hojas de las ramas altas. La corteza es lisa y de color verde grisáceo en los tallos; se va oscureciendo a medida que crecen y, alrededor de los 15 a 20 años, se agrieta en todas direcciones, quedando un tronco muy oscuro, prácticamente negro.
Las encinas son un recurso ganadero en las dehesas, los cerdos alimentados con bellotas dan los mejores jamones. Su madera es muy dura e imputrescible, por lo que se emplea para fabricar piezas que tengan que soportar gran rozamiento, como en carros, arados, así como en pequeñas obras hidráulicas y en la construcción como pilares o vigas. Además resulta una excelente leña para quemar y para hacer carbón vegetal, que constituyen los principales combustibles domésticos en amplias zonas de España. Las bellotas más dulces, además de alimentar al ganado, resultan comestibles para los humanos por lo que se comen a menudo tostadas como otros frutos secos, o en forma de harina para hacer un pan algo basto. Estas machacadas se prepara un cocimiento que resulta ser astringente y útil para desinfectar heridas.